El presidente Javier Milei brindó el jueves 27 de agosto una conferencia ante estudiantes de 4.º y 5.º año de la Escuela ORT, en la sede de Almagro, durante las actividades por el 90.º aniversario de la institución. La exposición fue presentada oficialmente bajo el título “Ética como política de Estado” y se concentró en los valores que el mandatario considera centrales para definir políticas públicas.
Milei sostuvo que su gobierno analiza cada decisión desde una perspectiva ética y moral, el respeto por los derechos naturales y la búsqueda de medidas que sean, al mismo tiempo, justas y eficientes. “No estamos dispuestos a negociar nuestros valores éticos y morales”, afirmó al defender la continuidad del rumbo elegido.
Durante la charla, el Presidente vinculó la libertad, el principio de no agresión, el derecho a la vida, la propiedad privada, el trabajo y el cumplimiento de los contratos con el funcionamiento de una sociedad próspera. También aseguró que “al populismo no se le gana con más populismo”, sino haciendo correctamente las cosas y sosteniendo las convicciones aun frente a las presiones políticas.
Buena parte de la exposición consistió en la presentación del epílogo de su próximo libro, La moral como política de Estado. Allí relacionó el capitalismo con valores judeocristianos y argumentó que la creatividad empresarial, el intercambio voluntario y la protección del fruto del trabajo permiten generar crecimiento y bienestar.
Aunque en la previa se había informado que el encuentro trataría sobre ética e inteligencia artificial, la versión oficial del discurso muestra que la IA apareció solamente en una comparación puntual. El desarrollo se orientó principalmente hacia filosofía, religión, economía y política.
La visita generó reacciones diferentes. La DAIA calificó el encuentro como una charla enfocada en “la educación, los valores y el desarrollo de la juventud”. En cambio, el exdirector de ORT Adrián Moscovich y otros integrantes de la comunidad educativa cuestionaron las referencias religiosas, las críticas a la oposición y el momento en el que Milei alentó una reacción más fuerte de los alumnos contra los periodistas.
Más allá de la controversia, que un Presidente exponga directamente sus ideas ante los jóvenes puede enriquecer la formación ciudadana cuando existe espacio para preguntar, contrastar argumentos y escuchar posiciones diferentes. Los estudiantes no necesitan ser aislados de las discusiones públicas: necesitan herramientas para analizarlas con libertad y criterio propio.
Para Chacabuco, el episodio deja una conclusión concreta. Una ciudad que pretende generar oportunidades debe incorporar a sus jóvenes a conversaciones sobre ética, tecnología, producción, empleo privado y responsabilidad pública. El desafío no es decirles qué pensar, sino ofrecerles más espacios de debate, fuentes confiables y la posibilidad de confrontar ideas sin censura ni obediencia partidaria.
Ese es el punto de mayor valor del encuentro: volver a ubicar las ideas, el trabajo y la libertad en el centro de la conversación con las nuevas generaciones. El límite democrático también debe ser claro: una escuela fortalece su función cuando transforma cualquier discurso —provenga del oficialismo o de la oposición— en una oportunidad de aprendizaje crítico y plural.

